¿Cuánto puede influir una persona en la economía?
El Atlántico Norte es un punto caliente para el comercio mundial. Por sus aguas discurren rutas comerciales que interconectan a Europa con Norteamérica y el Caribe. No es de extrañar que a lo largo de los últimos tres siglos haya sido escenario de las pugnas económicas, políticas y militares de distintas potencias marítimas, como España, Gran Bretaña o los Estados Unidos. Cada una de estas potencias, mientras controló estas aguas, rediseñó el mapa del comercio mundial conforme a sus propias necesidades, de manera que pudieran sacarle la mayor ventaja posible.
Gracias a ello, puede saberse la capacidad de influencia de los estados en la economía. Pero ¿qué capacidad de influencia tiene una sola persona? ¿Cuál es el nivel de agencia que un solo individuo puede tener dentro de un nodo comercial tan importante? ¿Qué consecuencias económicas, políticas, sociales o culturales pudo o puede tener determinado nivel de agencia en un nodo comercial?
Durante el 'largo' siglo XVIII, el Atlántico Norte fue el océano más importante del planeta. Las transformaciones políticas que se gestaron en los dos continentes bañados por sus aguas han tenido unas repercusiones que se trasladan hasta la actualidad. Han sido el escenario de tres revoluciones que el historiador británico Eric Hobsbawm bautizó con el nombre de "revoluciones atlánticas". Mediante este término, agrupó en un solo ciclo a la revolución francesa, la revolución americana y la revolución industrial, entendiéndolas interrelacionadas por su conexión con este océano. Estas transformaciones se gestaron durante la segunda mitad de este siglo, en un periodo comprendido principalmente entre 1750 y 1815, y que transformaron por completo al mundo.
Desde el punto de vista hispanoamericano, el escenario que plantean las revoluciones atlánticas sirvió como punto de partida para los procesos de independencia de los virreinatos iberoamericanos, en un proceso revolucionario que se extiende entre 1810 y 1825. Algunas de sus figuras más destacadas fueron personalidades políticas que se gestaron durante la segunda mitad de siglo, y que solo fueron posibles gracias a los cambios que implicaron las revoluciones atlánticas.
Por eso, el siglo XVIII se plantea como un escenario idóneo para determinar el nivel de agencia que un individuo o grupo de individuos pueden tener dentro de un escenario tan cambiante como es el mar Caribe.
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